juillet 2012
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Poema
No el apogeo de la pera a punto de desprenderse de la rama, no la pelusa del durazno que la mano acaricia como a un niño, no aquella ingravidez del sexo de los adolescentes, el vértigo de la caída, la arquitectura herida de la fruta que rueda por el suelo. No el poema poblado de eternidades, el que sabe a lo que sabe la vida de la muerte.
—Pedro Poitevin