octobre 2011
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[Mi lu]
Mi lu mi lubidulia mi golocidalove mi lu tan luz tan tú que me enlucielabisma y descentratelura y venusafrodea y me nirvana el suyo la crucis los desalmes con sus melimeleos sus erpsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y gormullos mi lu mi luar mi mito demonoave dea rosa mi pez hada mi luvisita nimia mi lubísnea mi lu más lar más lampo mi pulpa lu de vértigo de...
El futuro
Y sé muy bien que no estarás. No estarás en la calle en el murmullo que brota de la noche de los postes de alumbrado, ni en el gesto de elegir el menú, ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes ni en los libros prestados, ni en el hasta mañana. No estarás en mis sueños, en el destino original de mis palabras, ni en una cifra telefónica estarás, o en el color de un par de guantes o...
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Entre puntos te veas, ¡cuidado y te los comas! →
A Constanza y Xavier, dos pequeños puntos que llaman mi atención.
Había una vez un escritor tan tacaño que se ahorró todas las comas y abusando de la elipsis optó por un sólo punto final. Era tan forzado que, al escribir: se le notaba. Tropezó, siguió adelante y cayó. Levantóse trastabillando… tomó aire —de un sólo golpe— para finalmente: morir. A todo esto, para que la coma coma, uno necesita...
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Seconds - Marko Slavnic
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Table 7 - Marko Slavnic
Rain... →
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Intermitencia del placer textual →
¿El lugar más erótico de un cuerpo no está casi allí donde la vestimenta se abre? En la perversión (que es el régimen del placer textual) no hay “zonas erógenas” (expresión por otra parte bastante inoportuna); es la intermitencia, como bien lo ha dicho el psicoanálisis, la que es erótica: la de la piel que centellea entre dos piezas (el pantalón o el pulóver), entre dos bordes (la camisa...
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Por aquí ya no pasa el tren.
Mira cómo mira las vías; se le suben a los ojos, y quién sabe hasta dónde le llegan.
Mira sus hombros, parecen medianoche; se le echan encima las estrellas y de a poco, con su brillo quedo, acaban por tumbarle la sombra.
Míralo, ahí lleva sentado tanto; ninguno le baja de loco; dicen que nunca cierra los ojos. Se le fue quién sabe cuándo.
Míralo, no se sabe si respira. Un día nomás se...
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Pan tostado
A las siete y cuarto, se le va haciendo tarde al sol para desayunar.
—¿Con qué prefieres acompañar el pan tostado por la mañana?
Pasadas las cuatro, el cielo ya ha decidido si las nubes llueven, o si las aves vuelan libres sobre el naranja del atardecer.
—¿Qué color prefieres derramar sobre el ocaso?
Ya de noche, invariablemente, han de salir las estrellas a jugar.
—¿Cuándo hemos de salir tú y...